EN ESTA LECCIÓN
El rencor no te protege. Te envenena lento.
Hay cosas que no matan de golpe, pero te van quitando la vida por dentro.
Una de ellas es el rencor.
Esa herida vieja que no cicatriza, esa conversación pendiente que nunca tuviste, ese “me la debe pagar” que repites en silencio.
A veces crees que guardar rencor es tener poder, pero en realidad es justo lo contrario: es seguir atado a lo que te hizo daño.
Y mientras no lo sueltes, el dolor se acumula. Se fermenta.
Hasta que un día necesitas anestesiarlo, y ya sabes cómo acaba eso.
Este vídeo no va de perdonar por obligación.
Va de liberarte del veneno que te está consumiendo.
Porque tu sobriedad no solo depende de no beber, sino de aprender a soltar lo que te quema por dentro.
-
El rencor tiene algo seductor: te hace sentir fuerte.
Te dice que estás en el lado correcto, que tienes razón, que el otro se lo merece.
Pero debajo de esa fuerza hay una tristeza profunda.
Y un cansancio que no se quita ni durmiendo.Mientras sigas aferrado a esa rabia, seguirás unido a lo que te hirió.
El rencor no corta la cuerda: la aprieta.
Y cuanto más tiempo lo sostienes, más te confunde, más te roba la paz, más te empuja a anestesiarte.Soltar el rencor no es perdonar porque sí.
Es decidir que tu libertad vale más que tu orgullo.
Que tu sobriedad vale más que tener razón.
Que tu vida no puede seguir girando alrededor de alguien que ya no está en ella.No tienes que justificar lo que pasó.
Solo aceptar que ya pasó, y que seguir cargándolo no cambia nada.Porque lo que no sueltas, te hunde.
Y lo que te hunde, tarde o temprano, te lleva de vuelta al fondo.Así que hazlo hoy.
Escribe esa carta, haz esa llamada, corta ese lazo, ten esa conversación o suéltala en silencio.
Pero haz algo.
No esperes a sentirte preparado, porque ese día no llega.
El momento de soltar es ahora.
No por el otro. Por ti.

